La fianza en el alquiler

12 mayo, 2011 · Archivado en General, LEGISLACIÓN 

La cuantía de la fianza en arrendamientos siempre es tema da controversia entre inquilinos y propietarios. Mientras los últimos, viéndose desprotegidos ante la ley, intentan aumentar como sea esta garantía, sus inquilinos se ven asfixiados por el tremendo gasto que supone comenzar el arrendamiento.

¿Qué dice la ley?

Lo cierto es que para el propietario es obligatorio pedir la fianza, pero solo la cantidad equivalente a un mes de renta en el caso de las viviendas y el equivalente a dos rentas en el de locales comerciales. Pedir más va contra la ley.

¿Cuándo se recupera?

Cuando termina el contrato y siempre que el inquilino haya respetado la vivienda y sus mensualidades estén al día. El dinero debe devolverse antes de que pase un mes de la entrega de las llaves, si no es así, el inquilino podrá exigir que se sumen los intereses del retraso a la fianza.

¿Puede el propietario utilizar el dinero de la fianza durante el alquiler?

Rotundamente no. Ese dinero es un depósito, una garantía de que la vivienda se devolverá en perfecto estado y de que se pagarán las rentas, pero mientras el inquilino cumpla con sus obligaciones, el dinero es suyo y el propietario no tendrá derecho a hacer uso de él. La mayoría de comunidades autónomas obligan al propietario a depositar el dinero de la fianza en el organismo oficial que corresponda hasta que finalice el contrato, pero si el propietario rehúsa hacerlo, podrá ser multado gravemente.

¿Hay que actualizarla?

Si, pero solo cuando se prorrogue el contrato. Una vez pasen los primeros cinco años, el inquilino puede pedir una disminución de la fianza (si esta supera lo establecido por ley) y el propietario un aumento. Si no hubiera ningún acuerdo o no se especifica nada, la fianza aumenta igual que el precio del alquiler.

¿Qué más garantías pueden pedir los propietarios?

Además de la fianza, se puede pedir un aval personal o bancario, (aunque este último es un auténtico lastre para los inquilinos) referencias de otros alquileres, estabilidad laboral demostrable y capacidad para hacer frente al pago de las rentas. Y para cubrirse las espaldas un seguro de alquiler que garantice que no habrá morosidad.


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